La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) utilizó el 50° aniversario del golpe de Estado de 1976 para fijar una postura que trasciende la efeméride histórica. Bajo la consigna "Nunca más a la dictadura, siempre más a una democracia justa", los obispos publicaron un documento que, sin nombrar directamente al gobierno de Javier Milei, diagnostica una peligrosa degradación del tejido social y político.
El diagnóstico: autoritarismo y exclusión
El Episcopado alertó sobre una "tendencia creciente al autoritarismo" y el surgimiento de populismos que "explotan la angustia ciudadana".
En uno de los pasajes más contundentes, la Iglesia criticó la "ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil", contraponiéndola a lo que debería ser el fin último de la democracia: el cuidado de los más vulnerables.
La "violencia del discurso" en la mira
Más allá de la condena al terrorismo de Estado de la "oscura noche" del 76, el documento hizo foco en la agresividad contemporánea. "¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor!", reza el texto, en una clara alusión a la dinámica de confrontación en redes sociales y en el Congreso.
Los obispos advirtieron que la violencia física siempre comienza con la violencia verbal y pidieron "desarmar el lenguaje" para evitar escaladas mayores.
Memoria íntegra y rol del Estado
En medio del debate impulsado por el oficialismo sobre la narrativa de los años 70, la Iglesia propuso una "memoria íntegra y luminosa".
Si bien no entró en la disputa directa por el relato, insistió en que no se puede "mutilar la historia". Además, defendió la necesidad de un Estado "inteligente y eficiente" que garantice la dignidad humana, marcando una distancia conceptual con las políticas de ajuste extremo.